Nunca te rindas… y mantenerse firme hasta el final

Por Elvis Gómez Mena | Editor de Opinión | cawtv.net.-

El 17 de marzo de 1741 llega a las costas de Cartagena de Indias la mayor fuerza narval reunida en aquel entonces de parte de Inglaterra, 196 buques, 27,000 soldados y 3,000 cañones de artillería. Atacan a Cartagena defendida por 6 buques y unos 6,000 soldados españoles en tres fuertes comandados por el Almirante Blas de Lezo, autentico héroe de guerra, que por las batallas en las que había participado, le faltaba una pierna, un brazo, y un ojo. La resistencia fue intensa, audaz, valiente y Almirante frente a sus tropas los animó hasta mantenerse firmes hasta dar la vida si fuera necesario. Vencieron. Nunca se rindieron. Al final, los ingleses se retiran derrotados.
En la guerra civil española el General Moscardo dirigía la resistencia del Alcázar de Toledo ante la artillería constante y demoledora de los republicanos comunistas y aguantaron hasta el final, ya casi sin alimentos, medicinas y municiones. En el momento más dramático, sus enemigos capturan a su hijo y lo ponen el teléfono para decirle esto a su padre: “papá, estos señores dicen que si no te rindes me fusilan”. “pues hijo, a dar la vida por España”. “sí papa, así haré, Dios te bendiga”.
Y no se rindió Alcázar, sacrificando a su hijo.
El gran libertador de América, Simón Bolívar, que participó en muchas batallas, al perder en una de ellas y ser encontrado demacrado, herido y exhausto sentado en el pasillo de una casa campesina le pregunta su asistente: ¿Y qué haremos general? “¡pues vencer o morir, pero rendirnos nunca por Dios!”. Churchill como primer ministro de Inglaterra animó la resistencia de los habitantes de Londres ante los bombardeos nocturnos y diarios de los alemanes. Rendirse nunca, decía el, y vencieron.
San Pablo experimenta persecuciones, cárceles, azotes, golpizas, naufragio, deportación a Roma y nunca se rindió. Siguió predicándole hasta que lo matan decapitándole. San Juan de la Cruz estuvo nueve meses preso en el sótano frío y húmedo de un convento de sus propios hermanos de origen religiosa, aguantando humillaciones y maltratos, nunca se rindió, siguió adelante con la reforma de su orden.
Teresa de Jesús, que funda 17 conventos de la forma carmelitana, fue tildada de loca, hereje, y casi llevada a la inquisición. Enferma y con grandes dificultades de toda clase, nunca se rindió. San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, fue llevado cinco veces al tribunal de Inquisición y estuvo preso dos veces, ya que consideraban que su obra, los Ejercicios Espirituales, era herética y carismática, y nunca se rindió. Ese libro ha sido en cinco siglos el fundamento de miles y miles de retiros espirituales en todas partes del mundo, y causa de muchísima conversión de muchísima gente, laicos, clérigos, religiosos, en los cinco continentes.
San Antonio María Carlet, arzobispo de Cuba, confesor de la reina Isabel II, y fundador de los misioneros claretianos, sufrió 14 atentados contra su vida y murió en el desierto. Y nunca se rindió.
Monseñor Oscar Romero, arzobispo de San Salvador, vilmente asesinado por defender la verdad y la justicia, sabiendo que en cualquier momento lo iban a matar por las amenazas sufridas, se mantuvo luchando como profeta defendiendo al pueblo atropellado y explotado, pero nunca se rindió.
Nuestro amado Señor Jesucristo experimentó en su vida pública toda clase de calumnia, intrigas y persecuciones y al final, una agonía espantosa por las torturas y suplicio en la Cruz y nunca se rindió. Dio la vida por todos nosotros.
Pues la clave de todo es descubrir y asumir ideales que valgan la pena, que repercutan en el bien de mucha gente y dedicar la vida entera a toda su realización, sin importar si se cumplen todos los resultados, si no permanecer fieles al fin buscado. Empeñarse encontrar la manera de que ese ideal, que debe superar nuestra propia existencia, y mientras mas sublime mejor, pueda plasmarse a la realidad. Para eso hay que estar convencido de su excelencia, poner todos los medios al alcance para realizarlos y perseverar, nunca rendirse y mantenerse firmes hasta el final.

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