El agricultor Deon Gibson, de Bahamas, es distinguido por el IICA como “Líder de la Ruralidad” por su esfuerzo para reducir dependencia de la importación de alimentos en el Caribe

Aunque no fue criado en una familia de agricultores, Gibson entendió desde muy joven que Bahamas necesita aumentar su producción local de alimentos para fortalecerse como país.
San José, (IICA).-

El agricultor de Bahamas Deon Da Costa Gibson, quien trabaja a favor de una agricultura resiliente e impulsa una mayor producción y un mayor consumo de alimentos locales para reducir la dependencia de la importación de alimentos en el país caribeño, fue reconocido como uno de los “Líderes de la Ruralidad» de las Américas por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

El premio, denominado “Alma de la Ruralidad”, es parte de una iniciativa del organismo especializado en desarrollo agropecuario y rural para reconocer a hombres y mujeres que dejan huella y hacen la diferencia en el campo del continente americano, clave para la seguridad alimentaria y nutricional y la sostenibilidad ambiental del planeta.

Aunque no fue criado en una familia de agricultores, Gibson entendió desde muy joven que Bahamas necesita aumentar su producción local de alimentos para fortalecerse como país, por lo que estudió agricultura en Cuba y en Estados Unidos antes de volver a su país con la idea de desarrollar la producción en los fondos de las viviendas.

Gibson también es conocido en Bahamas como Gibby da Farma, ya que ese es el nombre de su emprendimiento con el que asesora a otros agricultores sobre buenas prácticas agrícolas. Además, es responsable de la granja de la Fundación Una Eleuthera, por el nombre de la isla bahameña en la que reside. La organización ayuda a las comunidades rurales de las islas bahameñas a ser autosuficientes, al mismo tiempo que cuidan sus ecosistemas y los vuelven más productivas.

El Premio Líderes de la Ruralidad es un reconocimiento para quienes cumplen un doble papel irremplazable: ser garantes de la seguridad alimentaria y nutricional y al mismo tiempo guardianes de la biodiversidad del planeta a través de la producción en cualquier circunstancia. El reconocimiento, además, tiene la función de destacar la capacidad de impulsar ejemplos positivos para las zonas rurales de la región.

Gibby da Farma, el joven que vio en la agricultura una herramienta para el desarrollo de su país

“Yo estoy convencido que un país no podrá garantizar su seguridad nacional, ni acceder a seguridad en términos de salud o trabajo, y tampoco a seguridad financiera, si antes no consigue seguridad alimentaria”, dice Deon Da Costa Gibson.

Este agricultor de Bahamas, país caribeño que busca dejar atrás su alta dependencia de las importaciones de alimentos, es hoy una de las caras visibles de la campaña “Compre fresco, compre local, compre bahameño” (Buy Fresh, Buy Local, Buy Bahamian), lanzada por el IICA.

Gibson aceptó participar en la campaña porque sostiene que cualquier país es capaz de producir sus propios alimentos si se ponen en marcha las políticas adecuadas para promover no solo la producción agrícola sino también el consumo de alimentos locales por parte de la sociedad y si hay un compromiso del sector privado que acompañe la iniciativa. La campaña se basa en la premisa de que el consumo de los alimentos producidos en el país aliviará el fuerte gasto en importaciones, creará empleos, estimulará la economía y mejorará la situación social.

Nacido hace 33 años en la capital bahameña, Nassau, ubicada en la isla de New Providence, Gibson se crió en la isla de Eleuthera, donde desde niño visitó granjas que criaban ovejas, gallinas, cabras, y sus animales favoritos, que eran los cerdos. Por esas épocas soñaba con ser veterinario para cuidar a los animales y, aunque jamás había escuchado hablar del concepto de seguridad alimentaria, comenzó a ser consciente de que la agricultura debía ser más productiva en Bahamas para que el país creciera. “Empecé a buscar información sobre agricultura y a leer todo lo que podía encontrar. No había entonces programas para estudiar agricultura en Bahamas y entonces aproveché una oportunidad para estudiar agronomía en la Universidad Agraria de La Habana, Cuba”, cuenta Deon.

Durante su estadía en Cuba, él se interesó por las innovaciones que estaban empujando la producción de alimentos y por la sostenibilidad de la actividad. Por su temprano rol de creador de proyectos y su carisma para interactuar con otros estudiantes, fue invitado a Estados Unidos para participar en un foro de Jóvenes Líderes Rurales de las Américas organizado por la Universidad de Nebraska en Lincoln y el IICA.

Durante ese encuentro, expuso su filosofía para hacer las cosas, cuando dijo: “Cuando la vida te da limones, haz limonada; cuando la vida te ofrece naranjas, haz jugo de naranja; y cuando te brinda manzanas, haz jugo de manzanas».

Más tarde, Deon pudo continuar sus estudios en Estados Unidos, al ser aceptado en el Sterling College, de Craftsbury, Vermont, una universidad orientada a las ciencias ambientales y la agricultura sostenible.

“Muchos me preguntaban por qué se me ocurrió estudiar agricultura, con todas las dificultades que enfrenta la actividad. Y yo digo que cuando tú puedes prepararte una omelette con los huevos que recolectaste o cuando cosechas con tus propias manos los tomates o los pimientos que vas a comer, es cuando empiezas a ver la agricultura de otra manera”, dice Deon.

“Sin agricultura y sin agricultores –agrega- la humanidad no sobreviviría. Y la mejor manera de involucrar a los jóvenes en la agricultura es enseñarles a tener la paciencia necesaria para esperar una cosecha y mostrarles el resultado del trabajo”.

Al regresar a Bahamas, en 2013, Deon se instaló en la isla de Abaco y comenzó a manejar la pequeña granja de un restaurante y a promover la producción de alimentos en los fondos de las viviendas. En septiembre de 2019, Abaco vivió una tremenda devastación por el paso de Dorian, el huracán más fuerte que afectó el noroeste de Bahamas. Deon vivió de cerca el impacto sobre los medios de vida de las comunidades rurales de ese desastre natural. Más tarde, volvió a la isla de Eleuthera, donde se integró a la Fundación Una Eleuthera (One Eleuthera Foundation), una organización sin fines de lucro nacida en 2012 para ayudar a las comunidades rurales de las islas bahameñas a ser autosuficientes, al mismo tiempo que cuidan sus ecosistemas y los vuelven más productivos.

Como responsable de la granja de la fundación, el trabajo de Gibson pone el foco en empoderar y ofrecer apoyo técnico a los agricultores locales, como también en colaborar con los programas agrícolas educativos que están en marcha en las escuelas secundarias del país. En la granja de Eleuthera, Gibson cuida las gallinas y supervisa la producción de miel. Él es quien recolecta los huevos y quien atiende las abejas. Además, colabora en la organización de una feria donde los agricultores venden sus productos.

“Una granja es un organismo viviente. Todo lo que existe en un establecimiento agrícola tiene vida y, así como cada uno de nosotros controla su salud, también tiene que controlar a las plantas y a los animales para ver si no están enfermos, si tienen suficiente agua y comida”, dice Deon.

Pero además de su trabajo en la fundación, Deon es dueño y operador de Gibby da Farma Backyard Gardens and Agricultural Consultancy, una firma que asesora a promotores de pequeños emprendimientos de producción de alimentos.

“Estoy comprometido en crear soberanía alimentaria a través de un aumento de nuestra producción de alimentos, objetivo que solo conseguiremos si fortalecemos a nuestros agricultores locales y estimulamos a los consumidores para que compren lo que se produce aquí”, dice Gibson.

Reconoce, de todas maneras, que el cambio climático es un obstáculo muy complicado que los agricultores caribeños tienen que enfrentar debido al aumento de la intensidad y la frecuencia de los eventos extremos.

“El Huracán Dorian –recuerda- ha sido el mejor ejemplo. Muchos agricultores perdieron sus cosechas y sus casas. También hemos tenido grandes inundaciones y períodos de sequía que duraron meses, a los que es imposible sobrevivir si no hay sistemas de riego. Creo que necesitamos mucha mejor educación sobre resiliencia al clima. En nuestra granja estamos usando hidroponía, que permite reducir el consumo de agua. Me gusta y creo que puede ser una herramienta positiva para enfrentar el cambio climático. Todas las generaciones nos damos cuenta de que debemos mejorar. En los últimos días, incluso mi abuela me dijo que piensa que debemos estudiar mejor el cambio climático y ese debe ser hoy nuestro principal objetivo”.

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