Joelin Santos, creador de una asociación de productores de piña que transformó vidas en República Dominicana, es distinguido por el IICA como “Líder de la Ruralidad”

El dominicano Joelin Santos creó la Asociación de Productores de Piña de Monte Plata, que cambió la historia de muchos agricultores acostumbrados a lidiar con serias dificultades para obtener rentabilidad por el fruto de su trabajo.
San José | IICA.-

El dominicano Joelin Santos, impulsor de un modelo de agricultura innovadora que ha atraído a gran cantidad de jóvenes a la producción de piña en el país caribeño, fue reconocido como uno de los “Líderes de la Ruralidad de las Américas” por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

El premio, denominado “Alma de la Ruralidad”, es parte de una iniciativa del organismo especializado en desarrollo agropecuario y rural para reconocer a hombres y mujeres que dejan huella y hacen la diferencia en el campo del continente americano, clave para la seguridad alimentaria y nutricional y la sostenibilidad ambiental del planeta.

Joelin Santos fue criado en el campo, luego migró a la ciudad para cursar estudios universitarios y más tarde regresó, con el convencimiento de que la profesionalización de la actividad agrícola abriría la puerta a una buena calidad de vida en la ruralidad para él y para otros productores de la provincia dominicana de Monte Plata.

Así, creó la Asociación de Productores de Piña de Monte Plata, que cambió la historia de muchos agricultores acostumbrados a lidiar con serias dificultades para obtener rentabilidad por el fruto de su trabajo.

Hoy la Asociación tiene más de 400 productores que, mediante prácticas agrícolas respetuosas del ambiente, producen más de 20 millones de piñas de calidad al año y venden en el mercado nacional e internacional.

Más de la mitad de los integrantes de la Asociación, nacida en 2017, son novatos en la agricultura.

El Premio Líderes de la Ruralidad es un reconocimiento para quienes cumplen un doble papel irremplazable: ser garantes de la seguridad alimentaria y nutricional y al mismo tiempo guardianes de la biodiversidad del planeta a través de la producción en cualquier circunstancia. El reconocimiento, además, tiene la función de destacar la capacidad de impulsar ejemplos positivos para las zonas rurales de la región.

Joelin Santos, el profesional universitario que volvió al campo cuando sintió el llamado del corazón

Joelin Santos creció en Monte Plata, una de las 32 provincias que conforman República Dominicana. Criado en el campo, cuando era niño se levantaba a las 5 de la mañana para ir a la escuela y, al regresar, colaboraba en las tareas rurales: desde llevar el ganado al corral a extraer leche o salir a recoger leña. Esa vida en contacto con la naturaleza se interrumpió cuando se mudó a la ciudad para cursar estudios universitarios, lo que de alguna manera rompió la tradición de una familia donde todos solían casarse muy jóvenes y hacer sus vidas en el campo.

Con los libros, Joelin no escatimó esfuerzos: estudió Derecho y Ciencias Militares, hizo una Maestría en Relaciones Internacionales y un Doctorado en Dirección de Proyectos. Y entonces, cuando muchos pensaban que ya no volvería a sus raíces, sintió el llamado del campo y supo que era hora de regresar.

“Cuando volví le propuse a mi abuelo que nos asociáramos para sembrar una parcela de menos de una hectárea de piña. Apenas comenzamos el proyecto subimos fotos a las redes sociales y muchos amigos que nunca se habían dedicado a la producción de alimentos comenzaron a interesarse. Así nació la Asociación de Productores de Piña de Monte Plata”, recuerda Joelin.

Los 103 productores que crearon la Asociación en enero de 2017 se asignaron la misión de cultivar una piña que se distinguiera por su sabor, su dulzura y su calidad, que fuera producida con buenas prácticas agrícolas y que pudiera ser vendida tanto en mercados nacionales e internacionales.

Hoy la Asociación está integrada por más de 400 hombres y mujeres que construyeron un exitoso modelo de negocios que no solo contribuye al desarrollo integral de sus miembros sino también al bienestar de la comunidad de Monte Plata. Aproximadamente un 40% de los miembros de la Asociación tenían experiencia en el cultivo de piña, mientras que otro 60% son jóvenes nuevos en la actividad.

“Volver al campo, a mis orígenes –recuerda Joelin- fue una idea que siempre albergué en mi corazón. Quería devolverle a mi comunidad todo lo que me dio y demostrar que, cuando uno se prepara académicamente y fusiona el saber científico con la experiencia, se obtienen mejores resultados. Mi objetivo era hacer ver que, con mejor información y mayores conocimientos, muchos campesinos pueden transformarse en productores o empresarios agrícolas y acceder a una mejor calidad de vida”.

Al volver a Monte Plata, Joelin se propuso investigar por qué, a pesar de que la piña es una fruta muy demandada por el mercado en República Dominicana y en muchos países del mundo, los agricultores que dedicaban su esfuerzo a ella no tenían una adecuada rentabilidad o incluso perdían dinero. Entonces identificó una cantidad de problemas y creó un proyecto para corregirlos.

Una conclusión muy importante a la que llegó es que la producción no debía interrumpirse en ningún momento: “No se puede tener días feriados; hay que producir y vender piña los 365 días del año, porque el mercado la demanda siempre. Muchos agricultores esperaban a cosechar grandes cantidades para salir a buscar a los compradores, que ya sabían que el productor estaba en apuros y les terminaba pagando precios que estaban por debajo de los costos de producción. Los agricultores, además, no tenían suficiente producción para exportar y, en algunos casos, ni siquiera conocían bien sus costos. Tampoco existían, por otra parte, buenas prácticas agrícolas para cuidar al medio ambiente”.

La Asociación armó equipos de técnicos que manejan tanto la producción como la comercialización de manera colectiva y profesional. Las piñas son recogidas cuando están maduras y listas para ser enviadas a los diferentes mercados y colocadas en los puntos de ventas para los consumidores dentro de los dos a tres días después de cortadas, dependiendo del destino. Hoy la producción alcanza más de 20 millones de unidades al año y la mitad se exporta a países como Estados Unidos, Israel, España, Italia y Rusia.

Joelin cuenta que uno de sus mayores aprendizajes ha sido que el cooperativismo y la asociatividad son caminos mucho más directos hacia una mejora de la calidad de vida de las comunidades rurales.

“Este sueño que comenzamos a construir en la Asociación ha sido transformador, ya que sus frutos no han sido solo económicos. Estamos seguros de que lo que hicimos puede ser un modelo para otras provincias en el país o para productores de leche o de maíz. Queremos que los campesinos sepan que no tienen que depender de la ayuda del Estado. Mi comunidad logró un cambio en solo cinco años, a pesar de que en los últimos dos la pandemia de Covid-19 nos castigó bastante.  Hacemos lo nuestro de corazón y queremos que funcione porque mi país y el mundo lo necesitan”, se entusiasma.

Hoy, las piñas se producen en Monte Plata en condiciones amigables con el ecosistema, ya que los agroquímicos cuentan con certificaciones de protección al ambiente y permiten proteger la biodiversidad. Además se reutilizan todos los elementos de las plantas, garantizando así la reducción de los desechos orgánicos.

“Cambiamos la mentalidad del agricultor tradicional –relata Joelin-, que no se preocupaba por conservar el hábitat. Muchos talaban los bosques para hacer carbón, sin planificación. Hoy contamos con varios proyectos financiados por el gobierno de Alemania que favorecen el uso racional de los suelos, aportando al ecosistema donde las piñas se producen. Aunque no somos productores orgánicos, sino convencionales, usamos insumos naturales y estamos reforestando muchas áreas y haciendo apicultura, para favorecer el ambiente”.

Con la piña, Joelin volvió a enamorarse del campo y la producción de alimentos: “Ser agricultor es uno de los mayores privilegios que puede tener un ser humano. Nuestra actividad sirve para brindar seguridad alimentaria, para generar empleo, para transformar comunidades, para mejorar la calidad de vida nuestra y de muchas personas en el entorno. Y en el campo todo es maravilloso, ya que tú mismo puedes cultivar tus alimentos y vives en un entorno más sano”.

“Muchos profesionales universitarios –concluye- sienten pasión por el campo y tienen ganas de hacer algo distinto. Se puede vivir de manera muy honrada de la agricultura si se hacen los análisis adecuados y se respeta esta actividad. Muchos jóvenes queremos volver al campo porque lo vemos como una oportunidad”.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: