La bioeconomía es una herramienta vital para la conservación de la Amazonia y la inclusión social de las comunidades, señala estudio presentado en la Representación del IICA en Brasil

Silvia Massruhá, presidenta de EMBRAPA; Patrícia Pinho, Directora Adjunta de IPAM, y Gabriel Delgado, Representante del IICA en Brasil, fueron los que dieron apertura al panel donde se presentó el estudio «Bioeconomía y sociobiodiversidad amazónica: un eje potencial de integración de los países de la Panamazonia».
Brasilia, (IICA).-

La bioeconomía tiene gran potencial para contribuir a la conservación de la Amazonia, el mayor bosque tropical del mundo, con inclusión social y enfrentando la crisis climática, mostró un estudio científico presentado en Brasil en un panel en el que participaron altas autoridades de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA), el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

“Bioeconomía y sociobiodiversidad amazónica: un eje potencial de integración de los países de la Panamazonia” es el título del documento, producido por el IPAM, organización aliada del IICA que desde hace casi 30 años trabaja por el desarrollo sostenible e inclusivo en el bosque tropical más grande del mundo, pieza clave en el combate global contra el cambio climático.

La presentación, hecha en la Representación del IICA en Brasil, reunió en la capital de este país a referentes del sector público y privado del ámbito agropecuario y ambiental.

En el panel de apertura participaron la presidenta de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA), Silvia Massruhá: la Directora Adjunta del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (IPAM), Patrícia Pinho; y el Representante del IICA en Brasil, Gabriel Delgado.

Luego se desarrolló un debate entre especialistas sobre las oportunidades y desafíos que presenta la bioeconomía para el desarrollo sostenible de la región amazónica.

Allí intercambiaron sus experiencias de trabajo Hugo Chavarría, Gerente de Innovación y Bioeconomía del IICA; Edith Paredes, Directora Administrativa de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA);  Ana Castro Euler, Directora de Negocios de EMBRAPA; Carina Mendonça Pimenta, Secretaria Nacional de Bioeconomía del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil; Luz Marina Almeida, del Comité Ejecutivo del Plan Estatal de Bioeconomía del Gobierno del Estado de Pará y André Aquino, Director de Fomento Forestal (DFF) del Servicio Forestal Brasileño.

La titular de EMBRAPA, institución pública de excelencia que ha sido un acto principal en el extraordinario crecimiento de la agricultura brasileña, hizo hincapié en la relevancia del estudio no solo para Brasil sino para el resto de los países sudamericanos que comparten la cuenca amazónica.

Massruhá señaló que son tres los pilares en los que se basa el trabajo de EMBRAPA en la Amazonia: conservación del ecosistema, promoción de la bioeconomía con base forestal y restauración de áreas degradadas.

Afirmó que la preocupación más importante es cómo la bioeconomía puede ayudar al desarrollo sostenible de las comunidades frente al desafío que plantea el cambio climático. “Trabajamos no solo para contribuir a la mitigación sino también a la adaptación, ya que el impacto del cambio climático está cada vez más presente, como lo estamos viendo hoy de manera dramática con la devastación producida por las inundaciones en el estado de Río Grande do Sul.  Promovemos en la Amazonia prácticas sustentables y apostamos muy fuertemente a la bioeconomía”, puntualizó.

Bioeconomía adaptada al contexto

Los detalles del estudio fueron contados por Patricia Pinho y la investigadora del IPAM Olivia Zerbini, quienes señalaron que es preciso establecer una bioeconomía tropical adaptada al contexto de la Amazonia, que enfrente las desigualdades y los altos niveles de pobreza. Así, la bioeconomía es una herramienta que puede contribuir a combatir la deforestación, a fortalecer las prácticas milenarias de las comunidades amazónicas, a la diversificación de los métodos de producción y a un reparto más equitativo de los beneficios.

“La Amazonia –dijo Pinho- tiene un 40% de su actual superficie boscosa en estado de degradación, lo que significa que no puede cumplir con su valioso e histórico aporte en términos de regulación climática e hídrica. Esto refuerza el potencial de la bioeconomía para contribuir a la construcción de una Amazonia protegida, en la que pueblos indígenas y comunidades tradicionales puedan tener sus modos de vida asegurados, en un escenario de crisis climática”.

“La bioeconomía puede ser el motor para un cambio de paradigma que promueva la resiliencia económica y social. Es una ventana de oportunidad para la región y para las personas, que en gran parte viven en condición de pobreza”, advirtió.

Por su lado, Gabriel Delgado se refirió al compromiso del IICA con los proyectos tendientes a fortalecer la bioeconomía en la Amazonia, a los que consideró vitales no solo para la región sino para el mundo, en función de la importancia de este ecosistema para la estabilidad climática del planeta.

“Conocemos –dijo- la importancia de los compromisos asumidos por los países que participaron en agosto de 2023 en la Cumbre Amazónica de Belem do Pará. La bioeconomía, por ser innovadora, inclusiva y sostenible, es una herramienta fundamental para la transición económica, productiva y social que la emergencia climática impone, en un contexto en que la conservación de la biodiversidad es cada vez más central en la agenda global”.

Hugo Chavarría, finalmente, contó a los asistentes el trabajo que viene realizando el IICA en el apoyo a los países para la generación de condiciones propicias para el mayor desarrollo de la bioeconomía y consideró que, más allá de las características particulares de la Amazonia, hay lecciones aprendidas en la región que son de utilidad.

“Trabajamos junto a los países –afirmó- en la formación de capacidades y la construcción de estrategias, políticas e inversiones para la bioeconomía y sus cadenas de valor. Todos tenemos construcciones diferentes del concepto de bioeconomía, pero los retos que enfrentamos son compartidos. Es por eso que tenemos que trabajar en alianza y sinergia”.

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