La cooperación técnica moderna sólo es posible con un fuerte contenido social, afirmó el Embajador Gustavo Martínez Pandiani en visita a la Sede Central del IICA

El Subsecretario de Asuntos de América Latina y el Caribe de la Cancillería argentina, y coordinador nacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), Embajador Gustavo Martínez Pandiani, junto al Director General del IICA, Manuel Otero.
San José, (IICA).-

La nueva cooperación técnica debe tener un fuerte componente social y estar fuertemente vinculada a las demandas y a las necesidades colectivas de sus beneficiarios directos.

Así lo expresó el Subsecretario de Asuntos de América Latina y el Caribe de la Cancillería argentina, Embajador Gustavo Martínez Pandiani, también coordinador nacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), quien mantuvo con el Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Manuel Otero, un diálogo organizado por el organismo que promueve el desarrollo agrícola y el bienestar rural en las Américas.

La conversación tuvo como título “Los desafíos de la cooperación en América Latina y el Caribe ante el nuevo contexto global”, y en ella se abordaron los nuevos escenarios planteados por las múltiples crisis globales, en los que predomina la incertidumbre.

Martínez Pandiani y Otero expresaron el compromiso de Argentina y el IICA de trabajar articuladamente junto otros gobiernos, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil para incrementar la cooperación con los países más vulnerables y coincidieron en que este nuevo tiempo –marcado por la pandemia de Covid-19, el conflicto bélico en Europa del Este que está rediseñando las relaciones internacionales y la amenaza del cambio climático- abre también una oportunidad para la región, debido a su decisiva contribución a la seguridad alimentaria global y a la extraordinaria riqueza de sus recursos naturales.

La actividad formó parte de una serie de diálogos entre Otero y altos funcionarios y especialistas internacionales en temas agroalimentarios, que el IICA lleva adelante desde el comienzo de la pandemia, en 2020.

El Embajador Martínez Pandiani es también Coordinador Nacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cuya presidencia Pro Témpore ejerce la Argentina, y ha sido embajador del país sudamericano en Barbados y otras naciones caribeñas.

Martínez Pandiani visitó la sede del IICA en San José, como parte de sus compromisos en la capital costarricense, donde representó al gobierno argentino en la asunción del nuevo presidente del país centroamericano, Rodrigo Chaves.

“La pandemia y el resto de los fenómenos actuales generaron un desafío en todas las disciplinas y la cooperación agrícola no puede ser una excepción. El mundo que viene ya comenzó. Tenemos un modelo clásico de cooperación de un mundo que ha dejado de existir pero todavía resiste y demandas de un mundo nuevo que nos obliga a repensar”, afirmó Martínez Pandiani.

“La cooperación –agregó- era concebida como una disciplina de expertos, pero hoy sabemos que es sobre todo una cuestión social. Los proyectos deben diseñarse de abajo hacia arriba y no al revés, como era el paradigma clásico de la cooperación. Lo primero que un experto en cooperación debe hacer no es afirmar, sino preguntar y aprender a escuchar”.

El diplomático resumió: “La cooperación sigue siendo una actividad esencial para el desarrollo económico de los países, pero ya no es aceptable que sea enfocada como una cuestión técnica ajena a la vida colectiva de las sociedades. En ese caso sería un capricho de la tecnocracia”.

Por su lado Manuel Otero reforzó la importancia de una cooperación técnica centrada en lo social, donde el proceso de construcción y desarrollo de los proyectos sea tan importante como los productos finales.

“El secreto de la nueva cooperación es hacer las preguntas correctas para empoderar a los países que quieren ser protagonistas de su propio desarrollo. Desde el IICA decimos que en este cambio de época hace falta que desde nuestro continente miremos al mundo, seamos impulsores de la acción colectiva y articulemos el esfuerzo de los sectores público, privado, universidades y organizaciones de la sociedad civil para que nadie se quede afuera”, apuntó el Director General del IICA.

Martínez Pandiani llamó la atención sobre la necesidad de que los países de América Latina y el Caribe aprendan las lecciones que dejó la pandemia de Covid-19.

“No debe sucedernos con la seguridad alimentaria lo que nos sucedió cuando nos faltaron vacunas. Creo que la región aprendió que debemos fortalecer los sistemas sanitario y alimentario, porque cuando se producen catástrofes globales, no somos necesariamente prioridad para otras partes del mundo. La Covid-19 nos mostró un mundo muy desigual. Quedó claro que los sectores más vulnerables de nuestras sociedades pagaron un precio muy alto y eso no nos puede pasar en el ámbito alimentario. No esperemos una crisis alimentaria para darnos cuenta de que debemos hacer las cosas de otra manera”, dijo.

El diplomático, además, enfatizó la importancia del IICA, por su presencia con oficinas en cada uno de sus 34 Estados Miembros, incluyendo los estados insulares del Caribe. “Muy pocas instituciones tienen presencia en todos y cada uno de los países de las Américas. Y eso no tiene simplemente un valor simbólico, sino que es el principal capital geopolítico de la institución. De hecho, cuando fui Embajador en Barbados y viajaba por el Caribe, el soporte me lo daba el IICA, por su relación cercana con gobiernos, con la academia, sociedad civil y campesinos en cada país. La seguridad alimentaria es un desafío de todos y el IICA tiene mucho que aportar en esta materia”.

En ese sentido, Otero precisó que para el IICA lo fundamental es generar bienes públicos regionales y garantizar que los agricultores estén en el centro de las discusiones sobre el futuro de los sistemas agroalimentarios.

“Hay 16,5 millones de agricultores en la región que tienen que ser empoderados”, dijo Otero, quien afirmó que las premisas básicas alrededor de las cuales debe construirse el futuro de la agricultura deben ser el papel central de la ciencia y la innovación; el protagonismo de mujeres y jóvenes; el apuntalamiento del comercio; el refuerzo del asociativismo y la alianza indestructible con el ambiente.

Martínez Pandiani y Otero rescataron también el valor de la Cooperación Triangular y Sur-Sur y en sentido destacaron los logros del proyecto API-Caribe, que sirvió para fortalecer la industria apícola y aumentar la productividad de las colmenas en Barbados, Dominica, Santa Lucía y San Cristóbal y Nieves, a través del apoyo de especialistas argentinos en apicultura. Esa iniciativa fue resultado de un Memorándum de Entendimiento firmado por la Argentina y el IICA en 2009.

En 2021 las dos partes sellaron un nuevo acuerdo por el cual se está brindando asistencia técnica conjunta a países de Centroamérica y el Caribe en distintas áreas vinculadas al desarrollo de la capacidad productiva del sector agrícola y el mejoramiento de la vida rural.

“A través de API- Caribe –cerró Otero- demostramos que la cooperación técnica no requiere una inversión de muchos millones de dólares, sino, fundamentalmente, solidaridad y voluntad de unir a las partes. Nuestro continente es joven y verde. Tenemos recursos naturales y somos una región de paz. Estamos llamados a ser actores protagónicos ante los nuevos desafíos de la seguridad alimentaria, nutricional, ambiental y energética del planeta”.

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