Por: Elvis Gómez Mena | Editor de cawtv.net.-
El dinero que ocupa el lugar de Dios, y la persona se convierte en un tirano, en un déspota, en un dios sanguinario. Comienza como el gran seductor: puede comprar esto o lo otro, conseguir lo que siempre soñaste, pagar de cosas superfluas, adquirir bienes que te hacen subir socialmente, ver cómo la gente comienza a admirarte y respetarte más porque tienes más poder económico. La seducción es completa: al tener más bienes, más a gusto te sientes y más poder crees que tienes. Comes mejor, vistes a la última moda, vas a los mejores hoteles, restaurantes, hospitales. Viajas como quieres. Y ya está. Amarrado por este dios tan seductor te sientes como un príncipe. Aclaro algo, la gente que, por vías legales, honestas, adquiere bienes por su trabajo y dedicación, y que poco a poco se enriquece, pero no pone al dinero como un dios, si no que comparte los bienes, es generoso, da trabajo a otras personas, paga sus impuestos, sigue siendo humilde, no se llena de cosas innecesarias, y tiene como único Señor al Dios Santísimo, ese no entra en esta descripción. Y conozco gente así. Tienen mucho dinero, pero lo comparten con los necesitados, Me refiero más bien al de qué manera legal se enriquece y que al final siempre acaba mal. Y también de que manera honesta consiguió sus cosas, pero al final convirtió al dinero en un dios, y se hizo avaro, egoísta, orgulloso. Ese también acaba mal.
Cuidado con caer en las garras seductoras de la codicia. Está bien desear y soñar, aspirar a lo necesario, a vivir sencillamente con los bienes que puedas poseer honestamente, y que, si aumentan por la vía legal, pues a ponerlos al servicio de los demás, a compartir con amor lo que tienes. Nunca seas egoísta con mucho o poco que tengas. La avaricia es parte del pecado de idolatría del dinero. Todo lo que tengo, sea mucho o poco, todo es solamente para mí. No comparto nada con nadie.
El dios dinero es un dios muy sanguinario. Al final hace a sus adoradores criminales, asesinos, inmorales, tramposos, inhumanos, crueles. Ese dios tan seductor poco a poco saca sus garras y es un dios sediento de sangre. Exigir hasta la muerte violenta como un tributo de adoración.
